En Tangran, una ciudad del centro de China, localizada en el extremo de la meseta tibetana, carteles de gran tamaño anuncian que diez millones de dólares se invertirán en la construcción de relucientes oficinas, centros culturales y un estadio. Se trata de un proyecto de desarrollo financiado por el estado con el que Pekín quiere llevar una mejor calidade de vida a la ciudad. Sin embargo, los anuncios están escritos solo en chino mandarín. Para aquellos tibetanos que no pueden leer mandarín, se trata de una información sin sentido. Para otros, es un recordatorio de que, aunque los tibetanos constituyen la población predominante de la zona, la etnia han, la mayoría del estado, es la que manda.
Fuente: Newsobserver



