Un estudio pionero que combina genética y lingüística sitúa el origen de las lenguas urálicas, como el finés, el estonio o el húngaro, en los bosques boreales del este de Siberia. El análisis de 180 genomas antiguos revela una señal genética propia de esa región, presente en las poblaciones actuales que hablan estas lenguas. La evidencia indica que la expansión del grupo humano portador de esta marca comenzó hace unos 4500 años y fue decisiva en la difusión de las lenguas urálicas a miles de kilómetros de su punto de partida.
Fuente: Muy Interesante
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